Hay veces en las que hay cosas que acaban y no deberían acabar. Esto es una obviedad claro, una obviedad cuando lo dices después, cuando el futuro ya es parte del pasado. Antes no, antes tomas una decisión y crees que es la buena, sabes que es la buena, pero luego ves que no. Que algo que quieres acabar no debería haber acabado.
Entonces es cuando nos volvemos a ver, después de algún tiempo, las sonrisas son las mismas, las miradas son las mismas, pero los sentimientos son distintos. Es ahí cuando te das cuenta de que las decisiones que en su día estaban bien, ahora están mal. Es ahí cuando te arrepientes de haberlo acabado. Es ahí cuando el pasado deja de tener menos sentido que el futuro.
Pero para darte cuenta de eso, tienes que acabarlo. Para arrepentirte de algo tienes que hacerlo. Para volverme a querer tenías que odiarme. Entonces ya todo empieza a tener sentido. Puede que entre paseos, zapatillas nuevas y frío extremo encuentres algo. Me hagas sentir algo. Y seamos algo. O no seamos nada, y nada tenga sentido. Pero por lo menos no habrá nada que se pueda acabar, aunque no tuviera que hacerlo.
Házlo.
Hace 4 horas